¿Qué les está pasando a las encuestas?

Hoy 9 de noviembre, mientras Europa se levantaba asombrada por los resultados en los EE.UU., una parte de sus habitantes se acostaba consternada, más incluso que quienes lo hacían contentos, y la gran mayoría lo hacía sin preocuparse lo más mínimo. En Kialo Consulting no hemos sido menos siguiendo los resultados. Pero quizás, más allá de las reflexiones provocadoras de la inmigración a Canadá o las bromas sobre el control nuclear, nosotros nos hemos preguntado por dos factores clave: ¿Qué pasa últimamente con los pronósticos de las encuestas que no aciertan? y ¿Cuál es la estructura del voto?

Responder la segunda duda se merece una investigación sobre si la campaña electoral influye o no, cuál es la volatilidad del voto, qué voto está cautivo, cuáles son los asuntos que con más importan y dividen a la sociedad estadounidense… Muy interesante para cientos de reflexiones, pero que por desgracia, sin datos, solo serían elucubraciones. Lo dejamos pues para nuestros pensamientos y quizás futuras publicaciones.

Preguntarnos sobre qué les ha pasado a los sondeos nos afecta de lleno. Tras el referéndum sobre la permanencia del Reino Unido en la Unión Europea, el sorpasso que nunca ocurrió, el referéndum sobre la paz en Colombia y ahora las elecciones presidenciales estadounidenses parece que algo está fallando en la medición cuantitativa de la opinión pública.

Está claro que en cada situación el problema fue diferente y hay una diferencia entre probabilidad y certeza. El conflicto aparece cuando uno busca precisión mientras lectores y clientes quieren usar la bola de cristal. A nadie le gusta oír que con un porcentaje determinado va a salir tal candidato o partido. Todos queremos saber el futuro, no cuán posible es cada futuro. Es como la metáfora del gato de Schrödinger. Nosotros queremos saber el estado del gato pero sin colapsar la función de onda, es imposible.

Empecemos pues por nuestras predicciones de las últimas elecciones. Viendo los datos ahora, cualquiera diría que fallamos, pero ¿es eso cierto? Como con el gato, sí y no. Nuestros resultados tenían un mes de antigüedad cuando España acudió a las urnas y estaban dirigidos a preparar la campaña: ¿Qué sentido tendría contratarnos si suponemos que la campaña no sirve para nada? A pesar de ello, conseguimos aprender y analizamos qué pudo pasar. Dándoles muchas vueltas detectamos que algunas de las herramientas estadísticas habituales no ayudan como pensábamos, lección anotada.

Sin embargo no todos los sondeos eran como el nuestro. Los periódicos tenían mayores presupuestos, regularidad y experiencia pero se equivocaron aún más. ¿Qué pasó? Pues parece ser que el panorama ha cambiado. La aparición de nuevos partidos ha resquebrajado la anterior concepción de poder elegir solo entre dos partidos en muchas circunscripciones españolas. Los tiempos están cambiando en todo el mundo.

La mentira no hay que olvidarla nunca. El voto oculto está vinculado a esto. Por ejemplo en la victoria de Trump ha habido quien se avergonzaba de públicamente darle su apoyo, pero lo ha hecho para contrarrestar la victoria de Clinton. Unas personas se callan y otras mienten. No es fácil trabajar así, pero no hay que olvidarlo nunca. Por eso hay que evitar dar por cierto algo que solo es plausible, por mucho que lo demande la gente.

Esto se une con el que de lejos es el que nosotros creemos que es la mayor dificultad: la participación. Este fenómeno fue fuerte en el Brexit. No solo se trata de calcular el porcentaje final de participantes, si no cuáles serán los que se quedarán en casa. Las predicciones de este referéndum no fallaron en cuanto a que zonas optarían más por el si, el problema para dicha opción es la gente que se quedó en casa.

Otro de los problemas relevantes son las herramientas de recolección de información. Este problema lo tuvieron las compañías en Colombia. El desarrollo indujo un sesgo, porque es más difícil entrevistar a algunos segmentos de la población.

¿Qué se puede hacer?

  1. Saber qué ha pasado en cada caso. Analizando los datos de encuestas, por ejemplo se sabía que Trump tenía algo más del 20% de posibilidades de ganar, pero rechazamos los grises.
  2. No culpar a la gente “porque miente”. Así el problema continúa, hay que ser crítico.
  3. No quedarse quieto sin adaptar las técnicas, eso nunca será positivo.
  4. Evitar los sesgos y, como en España, volver a analizar los datos para saber si se han cometido, dónde se han hecho.
  5. Incluir análisis cualitativos. Los datos en bruto pueden llevar a conclusiones equivocadas si no se toma el contexto subjetivo real de los participantes.
  6. Analizar debidamente los cambios. Hacer encuestas puntuales no ayuda a ver de dónde vienen unas posturas u otras. Solo sabiendo el pasado podremos conocer el futuro, con el presente por desgracia no basta.

Esta guía es una reflexión pública pero antes ha sido una interna. Nosotros somos los primeros que queremos poder dotar del mejor servicio posible. Con todo, al final siempre pasará lo mismo: en un momento u otro se abrirá la caja de Schrödinger y veremos si hay que ir al supermercado a comprarle comida al gato o a la tienda de animales. Sea lo que sea, al menos en Kialo Consulting, trabajamos para estar preparados para avisar antes de siquiera meter al animal dentro.

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